Munir Bracco «La reconstrucción de una sociedad no puede depender de una sola persona, necesita la contribución responsable de todos»

En el encuentro “Lo que nos une: coincidencias y compromisos para el futuro de Córdoba”, realizado el 27 de octubre, el presbítero Munir Bracco reflexionó sobre el mensaje del papa León XIV y los desafíos de la dirigencia para construir una sociedad más justa, humana y fraterna.

El Consejo para la Planificación Estratégica de Córdoba (COPEC) realizó el primer encuentro del ciclo “Lo que nos une: coincidencias y compromisos para el futuro de Córdoba”, un espacio de diálogo plural que reunió a legisladores provinciales, intendentes, autoridades de entes intermunicipales y dirigentes. La iniciativa forma parte de las actividades de la Agenda Estratégica Córdoba 2035 y se desarrolla rumbo al Tercer Foro para el Futuro, previsto para el 2 de diciembre.

La exposición central estuvo a cargo del presbítero Munir Bracco, vicario episcopal para la Acción Social y vocero del Arzobispado de Córdoba, quien compartió una reflexión inspirada en la encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV, y en el legado de su predecesor, Francisco. Bajo el título “De Babel a la construcción del bien común”, propuso revisar algunas lógicas de la cultura contemporánea y pensar cómo las responsabilidades públicas, políticas y sociales pueden contribuir a edificar una sociedad en la que las personas vivan con dignidad.

De las nuevas Babeles a la construcción del bien común

A partir de la imagen bíblica de la Torre de Babel, retomada por León XIV en su encíclica, Bracco planteó que no toda construcción contribuye necesariamente al desarrollo de una sociedad. Los proyectos, las instituciones y las políticas públicas adquieren verdadero sentido cuando están orientados al bienestar de las personas y no a la búsqueda de reconocimiento o poder. «La pregunta decisiva no es solamente cuánto construimos, sino para quiénes lo hacemos, con qué propósito y qué sociedad estamos ayudando a formar», señaló.

Entre las «Babeles» de nuestro tiempo, identificó la dificultad para comunicarnos genuinamente, aún en una época de hiperconectividad; el avance del individualismo y la pérdida del sentido de comunidad; el ejercicio del poder como un fin en sí mismo; la violencia que se expresa en las palabras y la indiferencia frente al sufrimiento de los demás.

Sobre la comunicación, advirtió: «Podemos estar conectados permanentemente y, al mismo tiempo, perder la capacidad de escucharnos». Frente a esto, destacó que «la escucha auténtica exige tiempo, humildad y disposición para dejarnos interpelar», y convocó a recuperar el encuentro personal con las comunidades y las personas a las que se representa.

También cuestionó la lógica del individualismo y la competencia permanente, y destacó la necesidad de construir liderazgos capaces de formar equipos y sostener objetivos compartidos. En ese sentido, recuperó una frase de Lionel Messi: «Para conseguir objetivos grandes hay que hacer grupos fuertes y unidos». Y expresó: «Qué lindo ver a la política, a la dirigencia social, intentando liderazgos de equipos. Que sobresalgan los equipos más que las personas».

Al referirse al poder, recordó que los cargos y los reconocimientos son transitorios, mientras que permanece el bien que cada persona contribuye a realizar. «La verdadera grandeza de una responsabilidad no está en el poder que concentra, sino en el bien que hace posible», afirmó.

Otro de los puntos centrales fue la violencia en el lenguaje público. Bracco advirtió sobre las consecuencias de convertir el desacuerdo en agresión y descalificación, y sostuvo que «desarmar el lenguaje no significa renunciar a las convicciones, sino aprender a defenderlas sin destruir la dignidad de quienes piensan diferente». En esa línea, convocó a la dirigencia a «construir puentes, no volarlos».

La reflexión también incluyó la soledad no deseada, las adicciones, la salud mental y las situaciones de vulnerabilidad que atraviesan distintos sectores, con especial preocupación por los jóvenes. Bracco llamó a fortalecer las redes comunitarias y las respuestas articuladas entre instituciones, y señaló: «Una sociedad verdaderamente desarrollada no es aquella que solamente produce más, sino aquella que es capaz de cuidar mejor a las personas, especialmente a quienes atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad».

El día después de la visita del Papa

Como alternativa a esas lógicas, Bracco retomó la reconstrucción de Jerusalén narrada en el libro de Nehemías: una tarea colectiva en la que cada integrante de la comunidad asume una parte de la responsabilidad. Desde esa imagen, destacó que la reconstrucción social requiere la participación de todos los sectores. «La reconstrucción de una sociedad no puede depender de una sola persona, de un único partido ni de una institución aislada. Necesita la contribución responsable de todos», afirmó. En ese marco, desarrolló la importancia de la subsidiariedad, el fortalecimiento de las capacidades de las comunidades y la articulación entre el Estado, las organizaciones sociales, las instituciones educativas y las comunidades de fe.

Para Bracco, el bien común se expresa en condiciones concretas de vida: el acceso a la educación, el trabajo, la salud, la vivienda y las oportunidades de desarrollo, con especial atención a quienes atraviesan situaciones de mayor fragilidad. También requiere acuerdos que puedan sostenerse más allá de las diferencias partidarias y los cambios de gestión.

Al referirse a la próxima visita del papa León XIV a Córdoba, planteó que su trascendencia no debería medirse solamente por la convocatoria o la repercusión pública, sino también por lo que la sociedad sea capaz de hacer a partir de su mensaje. «Su verdadero alcance dependerá también de lo que seamos capaces de hacer después», sostuvo. Y propuso llevar esa reflexión a compromisos concretos: fortalecer los espacios de diálogo, revisar prácticas, atender problemas compartidos y construir prioridades de largo plazo.

En el cierre, valoró especialmente la iniciativa del COPEC y la posibilidad de generar ámbitos de encuentro entre distintos sectores: «El diálogo plural no es una concesión que hacemos cuando todo lo demás ha fracasado. Es una condición necesaria para comprender mejor la realidad, encontrar soluciones y construir acuerdos duraderos».

Finalmente, dejó una pregunta para quienes participaron del encuentro: «¿Qué legado queremos dejar a las próximas generaciones: nuestras propias torres o una sociedad más justa, humana y fraterna?». Y concluyó con una invitación a asumir esa tarea colectiva: «¡Estamos a tiempo de edificar juntos y de edificar mejor! La decisión está en nuestras manos».

Link a la exposición completa

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